Se asegura que los muy jóvenes, aquellos nacidos entre 1995 y el 2000 –quienes rondan ya la mayoría de edad legal– son una categoría social de ánimo inestable, un grupo humano paradójicamente inseguro en relación con las capacidades personales y económicas de sus componentes.
La “generación de cristal” es un estigma en peyorativo que experimentan solamente chicos pertenecientes a un estatus económico superior y que se extiende también a jóvenes "sensibles".
¿Quiénes son realmente la generación de cristal?
Es una realidad que la colectividad del siglo pasado era una sociedad con creencias muy arraigadas, donde el mundo parecía no ser cuestionado, es aquí cuando aparecen los millenials la generación que todo lo discute.
Hablemos de la cultura del esfuerzo, los baby boomers son una generación que creen en el trabajo duro y esfuerzo, uno de los valores más notables para alcanzar objetivos. Sin embargo, este tipo de pensamiento también trajo como consecuencia convertirnos en una sociedad con altos índices de estrés y ansiedad.

El ciudadano de cristal es un consumidor del cual el mercado sabe todo, al grado que lo controla como pieza de sus estrategias de inducción comercial. En cualquier caso, debemos ver en los integrantes de la “generación de cristal” un efecto o consecuencia de las contradicciones de la forja social de la que han surgido sus integrantes. Hablo de la sociedad y el esquema de estímulos y riesgos que operan en ella y que los ha lastimado hasta volverlos débiles emocionales a pesar de tantas comodidades y satisfacciones materiales. Una penosa represalia social de la que somos responsables y a la que debemos comenzar a revertir con insumos que no son bienes fungibles en el estado o en el mercado: amor aplicado en dosis precisas y permanentes para aliviar ese individualismo ambicioso y solitario que los marchita sentimentalmente en amenazante aviso.
Hemos puesto en peligro de extinción al planeta que habitamos por los métodos de explotación de los recursos naturales y la basura industrial, pero tenemos que reconocer que hemos sido aún más nocivos como sociedad por la indiferencia a los hábitos destructivos del medio ambiente y ya padecemos los reveses: la fragilidad de la salud ante las más inusitadas enfermedades y pandemias.
No solo es el nuevo modo de pensar en los jóvenes, es el constante estímulo de micro inyecciones de dopamina que obtenemos de redes sociales y dispositivos electrónicos (consolas, pc, celulares, etc...) lo que ha provocado una sensación de inconformidad colectiva, puesto que se nos ha acostumbrado a hacernos sentir bien al punto en que debemos sentir estímulos intensos para considerar que un momento fue sobresaliente.
ResponderEliminarNo solo lo anterior mencionado contribuye a la sensación de inconformidad de las nuevas generaciones, puesto que (y sonare como tía): vivimos en una época en que incluso los abuelos tienen cuentas en redes, es natural que al estar tan interconectados, no solo de forma intercontinental también generacional, se den choques entre los jóvenes que son más abiertos de mente con los mayores que vienen de una cultura más rígida donde se guiaban sólo por lo que su familia les enseñaba.
excelente post mi estimado, fan de este texto ;)