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Humanos de colores

  En 1969, en un punto de la ciudad de Nueva York, ardió un pub en Greenwich Village, donde los amantes de lo prohibido pasaban sus ratos de ocio en plena comodidad. Como si de un privilegio se tratara la libertad para ellos. Fue un año más tarde que se celebraría la primera marcha para celebrar el Día de la Liberación Gay (Algo exluyente porque ¿y el resto de la comunidad?) en la misma ciudad.                                                                          -¡Victoria!                                                                          -Ahm....

El grito de la raza (ft. Wambra.ec)

Hace más de medio siglo, Martin Luther King lideraba la lucha para defender los derechos civiles de la población afroamericana. Fue una época convulsa, con manifestaciones, protestas y muchos enfrentamientos entre los defensores de la igualdad racial y la gente que se oponía.

Las vidas de los negros importan

Otra de las muestras de que el ser humano se divide por las razones más estúpidas, solo porque algunos se creen superiores.

Finalmente, en 1964 se aprobó la Ley de Derechos Civiles, que acababa con la segregación racial que dividía los espacios públicos entre blancos y negros: escuelas, restaurantes, transportes, hospitales… Un año después, la Ley del Derecho a Voto permitía a los negros votar.

Fueron avances muy importantes en aquella época. Sin embargo, décadas más tarde, la desigualdad racial sigue siendo un problema grave en diversos puntos del mundo. Nuestro país no es la excepción.

Hablar de racismo siempre resulta incómodo, porque nadie quiere asumir que vive en un país racista o peor aún que es racista. Sin embargo, en Ecuador, el racismo no solo está en las instituciones del Estado que no garantizan los derechos consagrados en la constitución, el racismo está en cada rincón: en la televisión, en la palabra, en el deporte, en los chistes, en la vida cotidiana.

El racismo está presente cuando no puedes caminar en tu ciudad o en tu barrio sin ser visto como sospechoso o sospechosa; está cuando puedes ser atacado, golpeado y humillado sin que nadie haga nada; o incluso puedes ser asesinado, asesinada; todo esto solamente por el color de tu piel.

El racismo no siempre se manifiesta de forma violenta como en los casos de David, Juan y Mireya. El racismo muchas veces es algo que está interiorizado en prácticas cotidianas. Un claro ejemplo es cuando las personas creen y repiten frases como “todos los negros son vagos, son delincuentes”.  Estos mensajes no solo se dan en el lenguaje cotidiano, en “chistes inocentes”, sino de forma masiva en los medios de comunicación. 

Javier Viteri  Jofre Alencastro 

“Los afrodescendientes, o sirven para futbolistas o para vender cocadas. Porque aquí no tienen nada, nada aquí arriba –señalando la cabeza–. Si hay uno que tenga algo aquí, en el cerebro que venga y me lo demuestre”. Esta frase la dijo Geovanny Jaramillo Lino, expresentador del programa de farándula “Vamos con Todo”.

Antes de decir que “las vidas negras importan” es necesario cuestionar el rol que cada uno cumple para erradicarlo. El racismo solo acabará cuando dejemos de temerle a lo distinto, cuando dejemos de reírnos de “chistes”, dibujar caricaturas o emitir noticias que perpetúan estereotipos que disminuyan la dignidad de las personas, terminará cuando dejemos de insultar al “negro” porque no consiguió anotar un gol, cuando dejemos de repetir que los afrodescendientes son violentos y dejemos de mofarnos y sexualizar sus corporalidades. Un primer paso para ser parte de la solución es dejar de creer que todos son buenos para el fútbol o que la música es la única contribución del pueblo negro a esta “civilización”.

La erradicación del racismo es una tarea de todas y todos; y hay que empezar a hacer nuestra parte asumiendo que, aunque en teoría todos nacimos libres e iguales en derecho y dignidad, en la práctica no es real.

Decir “Las vidas negras importan” no es suficiente, porque muchas personas aún se niegan a ver y entender que la discriminación racial persiste y está en la calle, en los barrios, en el trabajo, en la academia, en los estadios.

El racismo, al contrario de lo que se cree, no ha desaparecido, solo se ha invisibilizado y aunque no siempre se expresa a través de la violencia o la muerte, sí produce daños en la vida de las personas que lo sufren.

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